Detrás de cada lienzo hay una carga de luchas internas que definen mi personalidad.

Un antes y un después

Anusca era yo… por pequeña

Fotografía: Alba Díaz

Mi obra es una constante expresión vital. Fruto de una sensibilidad extrema que canaliza en cada trazo, en cada lienzo, mis sensaciones de ayer y de hoy. Mi vida y los acontecimientos que la definen, son los elementos que me sostienen ante un lienzo en blanco. Lo que siento hoy, es la fuerza que me hace plasmar en colores vibrantes y texturas untuosas, las mujeres que pinto, las miradas que represento, viviendo cada instante con la misma intensidad de los olores que invaden mi pequeño rincón creador.

Mi obra comenzó a ser una realidad visible en el mismo momento en que acepté mi propia realidad y me enfrenté a ella. Comprometida con el feminismo y las causas que giran en torno a la mujer y los menores víctimas de violencias machistas, comencé a utilizar mis obras para colaborar con distintas organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan en esta lucha. Con pequeños eventos en los que compartí mi obra, escritos y música, ayudé a dar visibilidad a estas organizaciones y mis obras sirvieron para aportar donaciones así como para unir inquietudes y miradas.

Detrás de cada lienzo hay una carga de luchas internas que definen mi personalidad. La de una mujer extrema en lo sensible, inestable en lo emocional, optimista y enamorada de la belleza de las pequeñas cosas, siempre impactada por cualquier expresión artística que despierta lo interior. Amante de crear ambientes, llenar de color cada espacio, cada elemento, cada dibujo.

Constantemente acompañada de música y escritos, traté de canalizar todo lo que me iba ocurriendo en la vida. Yo, anusca, no dibujaba, porque estaba convencida de que no lo hacía bien y era obvio. No lo hacía bien, no como los grandes dibujantes de mi familia. No como ese padre o mis hermanos. Anusca, no era capaz de trazar líneas rectas. Es más, odiaba las líneas, las reglas y los compases.

Sigo haciéndolo, sólo creo en lo que plasmo a través del corazón y él, no entiende de líneas rectas, al menos no el mío.

Escribía para expresarme y dejar plasmado mi sentir. Y así fui creciendo, rechazando esa otra faceta que veía lejos de mí, pero adoraba y admiraba. Siempre supe disfrutar de la pintura, toda la vida enamorada del óleo, sin saberlo. De su textura, su color y los olores que generan los medios.

Estudiante de una carrera universitaria escogida al azar, sin grandes aspiraciones, pasé los años decisivos de mi juventud, subiendo y bajando, presa de todas las inseguridades que me aportaron las vivencias de mi infancia y adolescencia. Lazos insanos de sangre, rupturas, una base que se tambalea y una personalidad extrema, marcan sin duda una vida cuya meta es, el simple siguiente paso.

Comienzo a trabajar y es ahí donde nace otra etapa en la que, la independencia económica, el crecimiento personal y la vida empresarial, permiten que suba y baje, sola…

Después de años en los que fluyen todo tipo de experiencias vitales(viajes, amores, desamores, hijos e hijas, muertes …) que enriquecen con lo bueno y lo malo del aprendizaje, sigue construyéndose sobre su base, la mujer intensa que disfruta de su lucha interna, de su extrema sensibilidad, de sus retos, de sus esfuerzos y sus logros.

Un día, llega el momento en el que, frente a un lienzo en blanco, me planto. Revivo todo lo que llevaba rechazando y deseando hacer. Revivo las texturas, color y olores que adoro y decido por fin soltar lastre. Desterrar lo negativo y liberarme de todas las cadenas que arrastraba.

Hay un antes y un después del primer lienzo en el que me miro, la primera mirada en óleo en la que me encuentro … temerosa pero feliz.

Anusca era yo … Anusca por pequeña.